¿Hacia dónde nos dirigimos los humanos?

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Por Luis Molina Aguirre

 

sumisión

Una de esas cosas que uno no puede dejar de preguntarse, hoy en día, es ¿hacia dónde se dirige la raza humana? ¿Somos dueños de nuestros destinos como mucha gente piensa?

Las respuestas a estas preguntas son ciertamente complejas, pero si hay un lugar donde mirar para saber qué va a suceder a corto/medio plazo, esas son las páginas de la historia. En ellas podemos comprobar cómo de forma sistemática las sociedades culminan su andadura tras una pérdida de los valores morales más elementales, llevándolas inevitablemente al terrible ocaso de su civilización por medio de las peores guerras que la humanidad ha conocido.

Quizá, lo acertado sería preguntar ¿estamos en disposición de evitar que suceda lo que da la impresión de ser inevitable? Bien, desde mi punto de vista la respuesta es no. Y es no, porque realmente no somos dueños de nuestros destinos, somos títeres en sociedades titiriteras, que bailamos al son que nos marcan las notas musicales de los que realmente dirigen los hilos que hacen que nos movamos.

Si miramos más allá del caótico panorama político y social de nuestro país, podemos apreciar que en todas partes surgen nuevos “mesías” que prometen la salvación por medio de imposibles, pero que, no obstante, son capaces de hacer que buena parte de la gente crea que es posible… que se puede vivir sin trabajar, sin esfuerzo, haciendo lo que uno mejor le parece, determinando que los derechos los tengo yo y el resto solo tiene obligaciones, convencidos de que la única verdad total y absoluta es la que atesoramos en nuestro interior y donde el resto de la raza humana que no piensa como uno mismo, simplemente está confundida y, por ende, es preciso hacerles caminar por el sendero que lleva a la verdad, su verdad, y ay del que se salga de este camino marcado, pues, esa persona dejará de ser útil y deberá ser condenado al ostracismo o a algo peor. A esta forma de pensar y actuar, en mi pueblo, siempre se le ha llamado anarquía.

Empero, insisto, ¿qué está pasando allende nuestras fronteras? Tenemos una gravísima guerra comercial en ciernes cuya escalada puede llevar a una de las mayores crisis que ha conocido la humanidad desde hace muchos años. Esa guerra comercial no es solo entre Estados Unidos y China, no, Trump también le ha puesto aranceles a Europa que parece que mira de soslayo como si con ella no fuese la cosa. La debilidad de nuestro continente es alarmante, cede sumisa ante cualquiera que desee ponerle la zancadilla tratando de jugar ese papel de buenista que lo único que logra es debilitarla más y más, logrando de este modo afianzar la idea de muchos europeos de que la UE no es más que otra organización fallida como lo es, sin duda, la ONU. Los “padres” de la Unión Europea soñaron y sueñan con un gran país de países, una especie de Estados Unidos de Europa y no se han parado a pensar que eso, simplemente, es imposible. La Organización tenía su sentido mientras servía a los intereses comerciales de sus países miembros, pero una vez que da la impresión de que esto no es suficiente, su utilidad ha dejado de estar justificada.

El buenismo, ese gran cáncer que avanza por todo occidente en general y en Europa en particular, es el que llevará, inevitablemente, al colapso del sistema. El enfrentamiento está ya en las calles de todas las ciudades. Hacía muchas décadas que la gente no estaba tan radicalizada en sus posturas. Los enfrentamientos son casi diarios, si no es en los Parlamentos, es en los medios de comunicación afectos al sistema o en las calles. La entrada masiva de inmigrantes sin ningún tipo de control está llevando, entre otras causas, a este enfrentamiento civil. El motivo es bien simple, los nacionales se ven privados de derechos que son otorgados a los recién llegados.

Como decía al principio, la historia es el mejor espejo donde nos podemos mirar para saber qué es los que va a suceder en los años venideros. Recordemos el fin del Imperio Romano. Este se produjo por varios motivos, pero los principales fueron la pérdida de su propia esencia, de los valores como sociedad, de la debilidad extrema mostrada por sus gobernantes que no supieron estar a la altura que requería el momento, pero, sobre todo, por ese buenismo que permitió, para evitar enfrentamientos, la entrada descontrolada de los bárbaros (extranjeros), que finalmente lograron hacerse con todo el Imperio de Occidente.

En España, en concreto, la sociedad, especialmente de izquierdas, está empeñada en dar la espalda a todo lo que nos ha llevado a ser lo que hoy en día somos. Todo lo que sea antiguo ya no les sirve, no quieren ni oír hablar de ello. Craso error, pues, como dijo Cicerón, “Todo hombre que no conoce su historia, siempre será un niño” y los niños, como es sabido, siempre son los más vulnerables ante el peligro. Un peligro cierto, que está ahí, a las puertas, deseando ocupar el lugar que ocupa nuestra sociedad. Pero, también, un peligro procedente de los que siempre fueron nuestros aliados, tratando de acabar con lo mejor que ha hecho la humanidad para lograr que todos viviésemos mejor, el mercado libre. Y un peligro, más grave, el que se encuentra dentro de nuestras propias fronteras, con políticos, medios de comunicación y buena parte de la sociedad, capaces de venderle su alma al diablo con tal de que el resto nos aborreguemos y sometamos a sus postulados anacrónicos y totalmente extemporáneos.

Termino recordando qué es lo que sucedió realmente cuando los musulmanes invadieron la Península Ibérica.

Don Rodrigo, rey de Hispania en el 711, volvía de preparar un ataque para aplacar un levantamiento realizado por los vascones, cuando tuvo que dirigir todas sus tropas hacia el sur de la Península a fin de impedir la invasión musulmana, pero cuando llegó a la altura del río Guadalete, la mitad de sus tropas, seguidores de Agila, hijo del ya fallecido rey Witiza, le volvieron la espalda y lo dejaron solo ante el invasor que arrasó toda la Península Ibérica y, posiblemente, con la vida del propio monarca.

Y, es que, hay determinadas cosas en las que se puede discrepar e incluso luchar por cambiarlas, siempre que sean asuntos “domésticos”, pero lo que no se puede hacer es mirar para otro lado o dar la espalda cuando el peligro de extinguirte está aporreando ya tu puerta, porque de lo contrario, te encontrarás con un tipo totalmente abyecto hasta el tuétano como es Oriol Junqueras, bajando por las escaleras del Congreso de los Diputados con una sonrisa de oreja a oreja. Sabedor de que cuenta con el beneplácito de un número importante de los miembros de esa Cámara, cuyo único objetivo es permanecer el máximo tiempo posible aferrados a su sillón, desconociendo que, si no hay España, tampoco habrá sillón.

Comments
  1. LuisLo

    Buenos días,
    Estoy de acuerdo con el artículo y sobretodo con el trasfondo que flota en todas sus líneas, que es sin duda, el control y manipulación. En cualquier caso, me parece muy interesante hacer el siguiente ejercicio. Coger el ascensor de la perspectiva y subir niveles sin llegar a la estratosfera. Escuchamos silencio, tenemos otra vista y olemos nuestra propia insignificancia comparados con el universo. Desde aquí, es importante plantearse varias cuestiones. Tenemos claro, que las guerras convencionales ya no son como antaño, porque nuestra sociedad del buenismo no quiere muertos. Ahora las guerras son económicas, comerciales y de cyberseguridad. Es decir, todo va enfocado a dominar e imponer el control de un nuevo orden mundial en el que todos estamos implicados. La tecnología, la energía y las ideologías en realidad son medios para conseguir ese control del ser humano. Estamos en un momento en el que nuestras élites, las cuales no conocemos, llevan años mirando fuera de nuestro planeta y cuando miras fuera, a lo mejor necesitas plantear la vida humana de otra forma. Y cambian paradigmas. Porque venimos de un mundo que se queda obsoleto. La paz en el mundo desarrollado ya se consiguió en 1946. Pero nadie buscó la libertad. Y ahora hemos pasado al control puro y duro. Cada partido en cada sistema de cada país, tiene su función, y cumplen ciclos, pero obviamente, no es lo mismo tener que controlar a Italia, Alemania o Bélgica, que sólo controlar a la Unión Europea. Estas instituciones supranacionales llevan haciendo durante décadas la preparación a la globalización que tiene su pistoletazo de salida con la caida del muro de Berlín. Globalización que en pocos años nos ha sorprendido, por no decir arrollado. Y todos empezamos a ser conscientes, que como no se frene esto un poco, no seremos capaces de asumir tantos cambios y tan rápidos. Y en este punto, si estaís de acuerdo, no os parece normal que surja un Trump enfrentado a China que ralentice dicha globalización. Porque sin duda, se está produciendo un hecho brutal y es que estamos perdiendo nuestras identidades y costumbres culturales de muchos siglos y cada vez son menos los grupos que las defienden. Hoy en día comemos nachos mejicanos, comida china, costillas tejanas, y tortilla española en cualquier parte del mundo. Pero se ha perdido la verdadera esencia, porque se convierten en productos globalizados. Son de todos. Y esto trasladarlo a cualquier rito, fiesta, costumbre, etc identitaria de cada lugar del planeta. Halloween es planetario. El año nuevo chino empieza a ser planetario. Esto es más profundo que una guerra comercial o económica. Nos está cambiando a todos y nos encontramos que no tenemos claro el futuro. Y justo eso, es lo que interesa a las élites. Nuestra incertidumbre y nuestros miedos, alimentan su control.

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